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domingo, 20 de enero de 2008

Fran Perean käynti

Como ya he contado alguna vez, la serie "Los Serrano" es, por extravagante que parezca, bastante popular en Finlandia. Parece ser que están echando las primeras temporadas en versión original subtitulada, y tiene muy buena acogida, especialmente entre las quinceañeras suomis, que están encantadas con Fran Perea (imaginaos cómo se pondrán cuando en la serie solamente salgan cuerpos esculturales, como pasa en las últimas temporadas). Aquí os dejo la imagen de una revista de aquí que da fe de lo que digo. Os aconsejo que pinchéis en ella y leáis las cosas que pone en castellano para cada personaje de la serie:



















El caso es que, el pasado Diciembre, Fran Perea se pasó por Helsinki para firmar su disco o algo así, y por lo que cuenta la gente, la cola que se formó en Kamppi para conseguir una autógrafo era monumental. Pau estuvo allí con una amiga (aunque no son fans especiales), y sólo por ser españoles, a ellos les dejaron pasar sin hacer cola, por lo que consiguió fotos como esta:



















Hala, para que luego nos quejemos de que los yankis llenen las carteleras de cine y la programación de la tele en España. ¡Nosotros también exportamos nuestra "cultura", coño!

domingo, 11 de noviembre de 2007

Bip, bip, bip...

Esta noche me he quedado trabajando en el ordenador hasta bastante tarde. A eso de la una de la madrugada, en mi habitación ha sonado un ¡BIP! muy fuerte. Yo me he quedado perplejo, porque no tenía ni la más mínima idea de donde había salido. Aun así, en un principio no le he dado mucha importancia. El problema, es que alrededor de un minuto después, ha vuelto a ocurrir. Ahí ya me he alarmado, y he empezado a comprobar todo lo que se me ocurría: el móvil, el ordenador (incluso lo he apagado por si era eso), otros aparatos electŕonicos, etc. Los bips continuaban periódicamente al más puro estilo LOST, y yo cada vez estaba más consternado y confuso. Ha habido un momento que he llegado a pensar que tantas horas delante del ordenador me habían hecho tener alucinaciones...
El lugar preciso de donde salían los sonidos era difícil de situar, porque eran muy agudos y resonantes. Finalmente, he mirado al techo, y lo he comprendido, al menos en parte: era el detector de humos, que por alguna razón estaba funcionando mal. Cagándome en su inventor, me he subido a una silla y lo he quitado del techo. El aparato funciona a pilas, y no tenía ningún cable conectado, con lo que no ha sido muy difícil deshacerme de él (simplemente le he quitado la pila). Me imagino que el problema era que se estaba quedando sin carga, y el muy cabrón no tenía otra forma de avisar que emitiendo un pitido ensordecedor cada minuto en mitad de la madrugada.
Ahora me pregunto cómo funciona el trasto este. ¿Emite una señal a una central receptora o simplemente activa una alarma sonora si hay fuego? Si realmente emite una señal, ¿se darán cuenta en la central que lo he desactivado? Ya veremos lo que hago con él.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Anecdotario I

La semana pasada tuvimos una comida realmente divertida en Dipoli. En ella estuvimos rememorando las anécdotas más desternillantes que nos han pasado a varios de nosotros en Finlandia, o incluso en España. Hoy me he dado cuenta de que hay una anécdota que, aunque olvidé comentarla en esa comida, es también bastante graciosa, así que la incluyo aquí. Vamos con ellas, agrupadas por la persona a la que le ocurrió:

Ignacio:
-En la primera sauna organizada por ESN, Ignacio, mi hermano de tutoras, fue uno de los que participó en ella e incluso se bañó en el Báltico. Cuando se va a una sauna lo típico es dejar los zapatos en la puerta y entrar descalzo, así que eso hizo él. El problema es que cuando terminó, cogió un par de zapatos de otra persona, que encima eran 4 tallas más grandes que los suyos, y se los llevó sin darse cuenta en toda la noche. Para más inri, se trataba de unos zapatos ortopédicos de más de 300€, así que os podéis imaginar la cara de su dueño real cuando salió de la sauna y no los encontraba (los testigos dicen que estaba a punto de echarse a llorar). Al final todo se solucionó tras un mensaje de correo electrónico y unos instantes de vergüenza cuando Ignacio devolvió los zapatos a su dueño.
-Es difícil elegir qué comer en Finlandia, dado que nunca sabes qué plato es mejor de todos los que nos ponen en la cantina. También es difícil elegir lo que se come en casa sin caer en la tentación de comer pizzas congeladas todos los días. Pues bien, Ignacio, la navaja suiza multiusos de la informática friki, tiene la solución al problema: se ha creado un programa informático que le dice lo que DEBE comer cada día de la semana, teniendo en cuenta variables como la fecha de caducidad de los alimentos, o la cantidad de nutrientes de cada comida. La verdad es que cuando nos lo dijo nos costó creerlo, pero es cierto, y debe ser la creación más friki que se haya perpetrado jamás con un ordenador. Eso sí, aunque coarta el libre albedrío, ese programa es muy práctico.

Juanjo:
-Juanjo es un mexicano que conocí hace alrededor de un mes en una comida en Dipoli, y que es el puto amo contando historias para partirse el culo. Lo que le pasó a él es que no sabía que su casa está justo al lado de la Student Village (especialmente, de la calle Jämeräntaival), y cuando iba a visitar allí a su amiga Gabi, se pegaba un rodeo de tres pares de cojones. De hecho, su edificio está a dos pasos del de Gabi, pero él se pegaba una caminata de 15 minutos o más para llegar allí, pasando por la calle principal del campus, Otakaari. Cuando se dio cuenta de esto, el cachondeo de los españoles que nos enteramos fue de libro, y su cabreo también, aunque pronto se le pasó y ahora también se ríe del asunto. He aquí una imagen que da fe del pedazo rodeo que se metía (pinchad para ampliarla):


Arturo:
El primer día que estuve en la universidad fui a recoger las llaves de mi habitación a la Unión de Estudiantes (TKY). El problema es que no sabía que debía pagar el depósito y la primera mensualidad antes de que me dieran la llave, y por ello no iba preparado con el dinero. De hecho, llevaba el dinero en un bolsillo escondido dentro de los vaqueros, al cual no puedo acceder sin antes desabrocharme los pantalones. La conversación con la mujer que me atendió fue más o menos así:
Ella: Son 400€, por favor.
Yo: Er... bueno, es que tengo el dinero aquí, pero...er... un poco escondido...
Ella: ehh... bien, ¿entonces qué?
Yo: disculpe, vuelvo enseguida.
Imaginaos su cara de asco cuando volví dos minutos después con un billete de 500€ totalmente arrugado e incluso un poco mojado de sudor por las prisas de ese día; no sé dónde pensaría que lo llevaba guardado. Por cierto que fue allí donde me dejé olvidado el DNI, supongo que porque después del sofoco que pasé tenía ganas de irme enseguida.