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jueves, 24 de enero de 2008

Nokia kick-off (y II)

En el kick-off de esta semana no solamente hubo que trabajar y resistir sesiones interminables de presentaciones, también hubo tiempo para la diversión, y para el intercambio cultural. El lunes, tras terminar las reuniones, fuimos a las pistas de esquí e hicimos carreras de trineos (yo quedé sexto de siete grupos, pero es que nunca había montado en trineo). Más tarde, nos esperaba una sesión de sauna de 6 horas, hasta las 12 de la noche.
La sauna estaba bastante lejos de las pistas y de la cabaña donde nos quedamos, ya que estaba situada en la orilla de un lago congelado (cómo no). Antes de entrar a la sauna, estuvimos en la "antesala" jugando a un juego de cartas ruso, cuyo nombre significaba algo así como "el lerdo", ya que importaba más quién perdía que quién ganaba. Más tarde, entramos a la sauna (era una sauna de humo, un tipo de sauna que aún no había probado), y tras unos 10 minutos, me di el chapuzón de rigor en el lago, y fui corriendo al jacuzzi para entrar en calor. Por cierto, que el jacuzzi era una pasada. Estaba al aire libre, pero el agua estaba a más de 40º, y podían entrar hasta 7 u 8 personas. Después de un baño en el lago, el jacuzzi sienta como 7 tilas seguidas, para dormir como un dios escandinavo.
Tras repetir varias veces el ritual de la sauna, dimos por terminada la noche. Por cierto, que he de decir que cuando se toma sauna con una pandilla de fineses, es casi obligatorio ir en pelotas, así que no tenté a mi suerte, y seguí la tradición. A decir verdad, no se siente ningún pudor, porque todos ellos (incluyendo a la única mujer que había alrededor de 14 tíos) lo hacen de una forma muy natural, como si lo estuvieran haciendo desde pequeños (lo cual es la pura realidad, prácticamente llevan su vida de sauna en sauna).
Y bien, no hay mucho más que contar de esos dos días. Bueno, sólo que el jefazo gordo me dijo en el tren de vuelta que ya es hora de ir cambiando mi móvil ;)

martes, 4 de diciembre de 2007

Cottages at Lapinjärvi (II)

Llegamos a las cabañas el viernes por la noche, tras hora y pico de autobús. Yo imaginaba que el viernes nos lo íbamos a tomar de tranki, para reservar fuerzas para el sábado, pero nada más lejos de la realidad.
Al llegar, la encargada del hotel que lleva esas cabañas nos dio una llave para cada casa, pero una de ellas no funcionó, así que Juanjo y yo fuimos a que nos cambiase la llave. Nos dio otra que tampoco funcionaba, y al final nos trasladaron a otra cabaña más alejada de la primera, donde vi un hacha y la cogí. Al final, las chicas consiguieron la cabaña que queríamos en cinco minutos (no sé cómo, porque Juanjo y yo lo habíamos estado intentando durante mucho tiempo sin éxito alguno), pero yo me quedé con el hacha de la otra casa, porque sabía que luego nos iba a hacer falta...
Tras instalarse cada uno en su habitación, nos juntamos todos en una de las cabañas y nos sentamos para hablar, beber y picar algo mientras escuchábamos algo de música. Entretanto, algunos de nosotros nos fuimos a hacer un reconocimiento de los alrededores, y especialmente del lago. Éste estaba totalmente congelado, con una capa de hielo de unos 15 o 20 cm, así que se podía andar perfectamente sobre él, siempre llevando cuidado de no pegarte una buena hostia por un resbalón. Decidimos intentar hacer un agujero en el hielo para bañarnos en el lago, así que fuimos a por el hacha, y empezamos a picar como unos locos.



Tras unos 15 minutos, teníamos ya un agujero decente, y sólo quedaba sacar el témpano de hielo roto de él (siempre podríamos haberlo metido debajo de la capa congelada del lago, pero preferimos llevarlo fuera de él). Sacar ese pedazo de hielo, que pesaría más de 50 kg, nos costó casi más que hacer el agujero, porque al agarrarlo se deslizaba de las manos, y había que tener huevos para tener la mano tocando el agua durante mucho tiempo. Finalmente pudimos hacerlo entre cuatro personas, con la ayuda de los guantes impermeables de Chiskus y haciendo palanca con el hacha. Luego volvimos a la cabaña con nuestro trofeo (4 pedazos gigantes de hielo), y nos unimos al resto de gente.





Poco a poco, el volumen de la música iba subiendo, y la charla fue evolucionando a fiesta. Tras unas tres horas, decidimos que ya habíamos tenido suficiente, y nos fuimos a la sauna.
Para cuando entramos, la sauna todavía no estaba demasiado caliente (estuvo toda la noche rondando los 60 o 70 grados). Aun así, el efecto era casi el mismo que el que produce a más temperatura, sobre todo porque íbamos echando mucha agua a las piedras calientes, con lo que la humedad (y por tanto la sensación de calor) era muy alta. Cuando vimos que estábamos lo suficientemente "calientes", nos fuimos corriendo a bañarnos al lago, como manda la tradición.
Una vez en el lago, mirando el agujero, hubo un momento de duda. Al final, en un arranque de no pensar lo que estaba haciendo, me lancé al agua "para romper el hielo", porque si no parecía que nadie iba a dar el primer paso. Después de mi, otros cuatro se metieron al agua en turnos, y tras un minuto flipando por lo que habíamos hecho, volvimos volando a la sauna.



Después de unas 5 sesiones de sauna, dos baños en el hielo, un porral de fotos y un fregadero sucio, nos fuimos a dormir a eso de las 6:30 de la madrugada.


To be continued...

jueves, 29 de noviembre de 2007

Sauna... y más

El jueves pasado tuvimos fiesta internacional en la sauna más grande del campus de la universidad, la Rantasauna (ranta significa "línea de la costa", porque está al lado del mar Báltico). Sabiendo ya de qué va lo de la sauna, estaba más preparado que la primera vez, y aguanté sin mucha dificultad los 90º. Después de unos 10 minutos, fuimos rápidamente a la orilla del mar, y tras muchas dudas y varios "si te metes tú, me meto yo", terminamos tirándonos al agua.



Esa noche hubo varias anécdotas, como la sandalia que se le salió a Carlos en el mar (ver foto), y con la que me gané una cerveza por recuperarla (con un junco) cuando ya nadie era capaz de meterse de nuevo al mar. También es destacable la proeza de José, que al principio decía que no se metía ni de coña, y luego lo hizo cuatro veces.



La sensación de meterse al agua medio congelada es algo dura, pero te despierta totalmente (cómo no). No es tan difícil como parece, ya que tras los 80º/90º de la sauna, el cuerpo prácticamente es inmune al frío durante unos minutos, hasta el punto de que puedes salir a tomar el fresco en bañador y echando vapores a -6º, que era la temperatura que hacía ese día en la calle. Sin duda, es algo que hay que probar.

Tras el baño y después de 5 sesiones de sauna, nos echamos unas cartas con una finlandesa de las muchas que hablan castellano, y a eso de las 11:30 me fui a la cama, que para una vez que la fiesta es al lado de mi casa, quería aprovecharlo.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Mi primera sauna

Si hay algo arraigado en la cultura finlandesa, sin duda es la sauna. Es muy, muy raro que haya un edificio de viviendas sin al menos una sauna para uso compartido. Tampoco es de extrañar el hecho de encontrarse una sauna (aunque pequeñita) en el hotel más ratero de Finlandia. Y además, también es común que haya saunas esparcidas en terrenos públicos, típicamente en medio de algún bosque. Y es que para los finlandeses la sauna en invierno (y ahora que ya hace fresquito también) es como para nosotros la piscina en verano: cualquier persona se acerca a la sauna como mínimo una vez por semana.
Pues bien, anoche había una fiesta internacional con sauna gratuita incluida en el edificio donde vivo, y no están los tiempos para desaprovechar ese tipo de encuentros, sobre todo si no tienes ni que salir a la calle para ir. Así, quedé con mi vecino de enfrente, y a eso de las 8 de la noche nos subimos a la última planta, que es donde está aquí la sauna. En el salón anejo (Dios, que palabra más fea) a la sauna no había demasiada gente pero, ¡cómo no!, ya teníamos allí a dos españoles a los que aún no había conocido, y a un peruano. Después de charlar un rato con ellos, nos dirigimos ya hacia la sauna.
Lo primero era una especie de vestuario, donde tienes que dejar toda tu ropa menos la toalla. Luego entramos a otra sala que ya estaba caliente. Los principiantes pensamos por un instante que eso ya era la sauna en sí, pero nada más lejos de la realidad: eran simplemente las duchas, y a la sauna se accedía cruzando esta sala por una puerta de madera y cristal. Pues nada, fuimos para adentro y... ¡a 80º C! Estaba lo que se dice muuuuuy caliente (para hacerse una idea, 80 grados es la temperatura a la que sale el café de una máquina), pero todavía era soportable. Se trataba de una habitación muy pequeña, con capacidad para un máximo de cinco personas, con bancos de madera y con paredes cubiertas también de madera. El calor sale de una especie de estufa que no es más que un montón de resistencias eléctricas cubiertas con piedras medianas.
Después de dos minutos empiezas a sudar bastante, pero aún hubo más. Tras nosotros, entraron un finés y un búlgaro, que al parecer ya estaban curtidos en esos asuntos, y decidieron poner la cosa un puntillo más fuerte. Para ello, simplemente echaron un poco de agua sobre las piedras de la estufa, que desapareció al instante, convertida en vapor. ¡Diooos, que dolor! Estuve a punto de salirme en ese mismo momento. El vapor quemaba la piel, y lo peor de todo: hacía el aire completamente irrespirable. Los otros dos nos dieron dos truquillos para poder respirar sin morir en el intento, pero la piel, los labios y los ojos seguían doliendo. El sudor empezó a gotear, y luego a chorrear. Nos salimos enseguida (unos 10 minutos o así), nos pegamos una ducha ultrafría, y nos salimos a la balcón a tomar el fresco (seguíamos solo con la toalla, a 10 grados y lloviendo). Después de un rato, volvimos a la sauna, otros 10 minutos y otra ducha fría. Me quedé totalmente relajado. Es brutal. Se pasa algún rato un poco durillo cuando estás dentro, pero en general es una experiencia genial, y pienso repetir (en cuanto me vuelva a salir gratis, claro).

PD: podría haber contado muchas más cosas, pero esto ya se hacía muy largo, y sé que algunos como el Paco se asustarán al ver tantas letras juntas.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Sauna ESN evening party



Esto no me lo esperaba. Sauna Evening Party! Consiste en que la peña se despelota, se va a una sauna que hay al lao del mar, y luego se mete al agua! La temperatura exterior era de unos 5 grados, pero algunos fueron lo suficientemente valientes como para dar alguna brazada que otra. Lo más sorprendente es que muchísima gente se pegó un chapuzón: la sauna estaba a reventar, como se ve en la foto, y todo el que iba a la sauna se metía luego al mar. Yo no lo hice (podría poner muchas excusas, pero básicamente es porque no hubo huevos), aunque todo se andará.
Más tarde fuimos al centro de Helsinki (a la zona de Kamppi, como siempre) y entramos en un sitio para pijos en el que ponían System of a Down y Nirvana, entre otros. Y os aseguro que realmente era un sitio para pijos: uno de los Fineses que allí había se apostó mientras yo estuve mirando más de 100 € al black-jack. Por cierto que lo perdió todo, el muy reventao.

Postdata para las personas normales que hayan considerado durante un microsegundo la posibilidad de hacerme una visita: os lo recomiendo 100%. Helsinki es una de las mejores ciudades que he visto para salir de fiesta. Desde luego, Finlandia cambia muchísimo del día (con toda la gente con caras largas) a la noche (con todo el mundo desfasando por ahí).

Postdata para el Paco: 2 litros y medio de birra en toda la noche! Y eso que yo no soy de mucho beber cerveza si no es en el bar de Miguel...