En el kick-off de esta semana no solamente hubo que trabajar y resistir sesiones interminables de presentaciones, también hubo tiempo para la diversión, y para el intercambio cultural. El lunes, tras terminar las reuniones, fuimos a las pistas de esquí e hicimos carreras de trineos (yo quedé sexto de siete grupos, pero es que nunca había montado en trineo). Más tarde, nos esperaba una sesión de sauna de 6 horas, hasta las 12 de la noche.
La sauna estaba bastante lejos de las pistas y de la cabaña donde nos quedamos, ya que estaba situada en la orilla de un lago congelado (cómo no). Antes de entrar a la sauna, estuvimos en la "antesala" jugando a un juego de cartas ruso, cuyo nombre significaba algo así como "el lerdo", ya que importaba más quién perdía que quién ganaba. Más tarde, entramos a la sauna (era una sauna de humo, un tipo de sauna que aún no había probado), y tras unos 10 minutos, me di el chapuzón de rigor en el lago, y fui corriendo al jacuzzi para entrar en calor. Por cierto, que el jacuzzi era una pasada. Estaba al aire libre, pero el agua estaba a más de 40º, y podían entrar hasta 7 u 8 personas. Después de un baño en el lago, el jacuzzi sienta como 7 tilas seguidas, para dormir como un dios escandinavo.
Tras repetir varias veces el ritual de la sauna, dimos por terminada la noche. Por cierto, que he de decir que cuando se toma sauna con una pandilla de fineses, es casi obligatorio ir en pelotas, así que no tenté a mi suerte, y seguí la tradición. A decir verdad, no se siente ningún pudor, porque todos ellos (incluyendo a la única mujer que había alrededor de 14 tíos) lo hacen de una forma muy natural, como si lo estuvieran haciendo desde pequeños (lo cual es la pura realidad, prácticamente llevan su vida de sauna en sauna).
Y bien, no hay mucho más que contar de esos dos días. Bueno, sólo que el jefazo gordo me dijo en el tren de vuelta que ya es hora de ir cambiando mi móvil ;)
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Hace 3 años